All Star Superman: el mito solar de Grant Morrison y Frank Quitely

En 2005, en pleno auge del revisionismo oscuro que había caracterizado al cómic de superhéroes desde Watchmen y The Dark Knight Returns, DC Comics lanzó la línea All Star, concebida para ofrecer a los grandes iconos reinterpretaciones libres de continuidad y con autores de prestigio. Mientras Frank Miller se sumergía en el barro nihilista de All Star Batman & Robin, Grant Morrison y Frank Quitely optaron por el camino opuesto: redimir la figura de Superman a través de la luz, la compasión y la trascendencia mítica.

No era casual. Morrison había reflexionado durante años sobre el carácter arquetípico del superhéroe, había sido uno de los autores clave en la deconstrucción y el acercamiento metalingüístico al concepto, y veía en Superman la oportunidad de restaurar la inocencia perdida sin caer en la ingenuidad. All Star Superman (2005-2008) es, en ese sentido, un manifiesto estético y filosófico: una síntesis de todas las versiones posibles del personaje, desde la Edad de Oro hasta el Superman pre-Crisis, envuelta en la sensibilidad humanista del siglo XXI.

La historia: el «último día» del hombre del mañana

La premisa es simple y poderosa. Superman salva una misión tripulada al Sol, pero su exposición a la radiación solar sobrecarga sus células kryptonianas: su propio poder lo está matando. A partir de ahí, Morrison estructura los doce números como una secuencia de pruebas —doce trabajos, como los de Hércules— que el héroe debe completar antes de morir.

Cada episodio, autónomo y simbólico, encapsula una faceta del mito: la ciencia imposible, la compasión, el amor, la paternidad, el perdón, el sacrificio. Es una biografía mitológica que abarca desde el héroe que salva a la humanidad hasta el dios que se despide de ella. No es un cómic sobre la muerte de Superman, sino sobre su plenitud, su apoteosis solar.

En este viaje final, Morrison no destruye al personaje: lo completa. Nos muestra al Superman definitivo, el que abarca todas sus encarnaciones históricas, reconciliando las contradicciones del mito —el alienígena y el granjero, el dios y el hombre, el periodista tímido y el salvador universal— en una sola figura armónica.

El relato y su estructura: el mito contado como fábula científica

Narrativamente, All Star Superman se aleja del modelo de saga épica lineal para adoptar una forma modular y simbólica. Cada número es un capítulo cerrado que aporta una pieza de la gran composición. Morrison emplea un tono de cuento moderno, con la economía narrativa y la elipsis propias de la Silver Age, pero dotadas de una carga poética y metafísica inusual.

La voz del relato combina el tono pulp con la introspección casi bíblica. Hay humor, maravilla y una profunda ternura. Superman no se enfrenta a grandes villanos —aunque Lex Luthor tiene aquí una de sus caracterizaciones más perfectas—, sino a situaciones morales y emocionales: la mortalidad, el legado, la empatía, el amor imposible con Lois Lane.

Quitely traduce esta estructura en un lenguaje visual sereno y preciso. Su dibujo no busca la espectacularidad de los músculos ni los efectos digitales, sino la gravedad física y la gestualidad contenida. El Superman de Quitely no es una máquina de fuerza, sino un ser que pesa en el mundo, que camina entre los mortales con humildad. Su trazo, asistido por el color cálido de Jamie Grant, convierte la ciencia ficción en mitología.

El tratamiento gráfico: del músculo a la divinidad apacible

El arte de Frank Quitely es tan fundamental para el éxito de la obra como el guion de Morrison. Su Superman es ancho, poderoso, pero jamás agresivo. Sus proporciones evocan al ideal griego y al mismo tiempo a la figura paterna. Cada gesto tiene un peso emocional: la forma en que dobla la espalda para mirar a un niño, o cómo sostiene la Tierra en una viñeta sin dramatismo.

Quitely y Grant hacen un uso magistral del espacio y la luz. Las viñetas respiran, y el color funciona como metáfora constante del Sol, fuente de poder y símbolo de la vida. El resultado es un cómic que parece iluminado desde dentro, donde cada página es una meditación visual sobre la bondad y el heroísmo.

El trazo casi clínico de Quitely, más cercano a Moebius que a Kirby, se contrapone a la exuberancia manierista de otros dibujantes contemporáneos: aquí no hay splash pages vacías ni poses grandilocuentes. Todo en All Star Superman transmite calma, equilibrio y trascendencia.

Referencias mitológicas y simbólicas: el Superman total

Morrison construye la obra como un mosaico de referencias a toda la mitología de Superman, desde 1938 hasta el presente. Algunas son explícitas; otras, sutiles:

  • El científico Leo Quintum, con su aspecto de renacentista futurista, evoca tanto a los visionarios del Science Hero de los años 30 como al propio Morrison. Es una figura especular del héroe: un humano que busca la perfección sin necesidad de poderes.
  • Los doce trabajos son una clara alusión a Hércules, pero también al ciclo solar: cada tarea es una estación del año en la vida del héroe. Desde salvar a Atlas (el mito clásico) hasta rescatar al pequeño Regan del suicidio (el mito moderno de la esperanza).
  • La visita a la tumba de su padre, Jonathan Kent, condensa la herencia terrenal y la sabiduría rural que siempre definieron al Superman de Siegel y Shuster, y que John Byrne había revalorizado en los 80.
  • La secuencia de Lois Lane con superpoderes remite a los cómics románticos de los años 50, pero reinterpretada como un acto de amor maduro: Superman comparte con ella su divinidad por un solo día.
  • El enfrentamiento final con Luthor es más metafísico que físico. El genio humano comprende, al adquirir brevemente los poderes del kryptoniano, la interconexión de toda la vida. Es una inversión del mito fáustico: la iluminación lleva al arrepentimiento, no a la soberbia.
  • El Sol es el gran símbolo conductor. Es la fuente del poder, pero también la tumba del héroe. Superman se sacrifica para reparar el corazón del Sol —literal y metafóricamente—, convirtiéndose él mismo en una energía perpetua, en la fuerza vital que sostiene el mundo. Morrison cierra así el círculo: el dios solar muere para renacer como luz.

Además, el cómic está repleto de guiños a la continuidad histórica: Jimmy Olsen como héroe transformista de la Silver Age, la Fortaleza de la Soledad con sus llaves gigantes, los experimentos científicos imposibles, Bizarro, la ciudad embotellada de Kandor… Todo está ahí, pero no como parodia o nostalgia, sino como reinvención respetuosa. Morrison logra que lo absurdo recupere su sentido simbólico.

Superman como mito de la compasión

En el núcleo del relato se halla una idea que Morrison ha repetido en múltiples entrevistas: “Superman no es interesante porque pueda volar, sino porque siempre hace lo correcto”. En un mundo saturado de cinismo, All Star Superman reivindica la bondad como fuerza revolucionaria.

El episodio en que Superman impide el suicidio de una joven es, quizá, el más recordado: “No estás sola”, le dice, “eres más fuerte de lo que crees.” Esa escena condensa el credo moral del personaje. No hay espectáculo ni violencia, solo empatía. En esos momentos, Morrison consigue algo casi imposible: hacer que creamos en Superman.

El desenlace: el mito solar y la eternidad del héroe

En el último capítulo, Superman asciende al Sol para repararlo, desapareciendo entre las llamas. No muere: trasciende. La humanidad lo contempla como un astro, una figura que sigue protegiéndola desde el corazón de la estrella. Lois Lane afirma: “Volverá, algún día”. La circularidad del mito queda completa: el héroe solar nunca se extingue, solo cambia de forma.

El final no es una muerte, sino una transfiguración crística y prometeica. Como Cristo, se sacrifica por los hombres; como Prometeo, entrega el fuego. Pero Morrison evita el tono mesiánico: Superman no es un dios que exige adoración, sino el modelo del ser humano que podríamos ser. Su divinidad no está en su poder, sino en su compasión.

Por qué representa tan bien a Superman

La obra condensa todas las virtudes del personaje en su forma más pura:

  1. Humanismo: es el héroe que, aun sabiendo que va a morir, se preocupa por salvar a los demás.
  2. Esperanza: su sola presencia cambia el mundo para bien.
  3. Equilibrio: reconcilia la ciencia con la poesía, lo cotidiano con lo cósmico.
  4. Eterna renovación: al concluir, Morrison no clausura el mito, sino que lo reenciende.

All Star Superman es, en última instancia, una carta de amor al cómic como lenguaje y al ideal humano que encarna Superman. Es la demostración de que el mito no envejece si se cuenta con sinceridad. Morrison y Quitely lo devolvieron a su lugar de origen: el corazón del Sol, símbolo de la verdad y la vida.

Víctor Martínez